Desde que mis pasos me llevaron a las calles de Mazatlán, Sinaloa, quedé cautivado por un mundo oculto y vibrante que florecía en las sombras de la ciudad. El graffiti ilegal, una forma de expresión artística urbana prohibida pero llena de vida, se manifestaba a través de tags y firmas en los rincones más insospechados. Entre las calles laberínticas y los muros desgastados, descubrí a los mayores exponentes de esta subcultura rebelde: un grupo conocido como «IS», cuyas iniciales hacían referencia a la palabra «ilegales». Cada uno de sus trazos era una afirmación de su existencia y un desafío a las reglas impuestas.

Pero «IS» no estaba solo. Otro nombre que resonaba en las calles era «VIH», una firma enigmática que representaba a «vatos imponiendo historia». Esta frase cargada de significado se convertía en un grito de identidad para aquellos que buscaban dejar su huella en la ciudad. Además, en las jergas callejeras del graffiti, se hablaba de la numeración de las colonias, seleccionada en función de los números asignados por el Instituto Nacional Electoral (INE). Por ejemplo, «cpv14» significaba «Colonia Pancho Villa número 14». Esta elección estratégica reflejaba la astucia y la capacidad de adaptación de estos artistas urbanos.

Sin embargo, el nombre que resonaba con mayor fuerza en Mazatlán era el de «Lider». Considerado por las autoridades locales como el mayor contaminador visual de la ciudad, este grafitero había dejado una marca imborrable en cada rincón. Mi único acercamiento a él fue a través de una fotografía aérea que capturé de una de sus bombas, un graffiti masivo, en un edificio típico del centro de Mazatlán. El contacto se estableció a través de Instagram, donde el grafitero mostró su agrado por mi fotografía y la compartió con sus seguidores y conexiones en el mundo del graffiti. Aunque solo fue un saludo, dejó la puerta abierta para futuras entrevistas y reveló la disposición de «Lider» para mostrar su obra al mundo.

Fue en este viaje de descubrimiento que conocí a «Duck», mi amiga en el bajo mundo del graffiti, quien me proporcionó toda esta información valiosa. Con sus conexiones y su conocimiento profundo del graffiti, me guió a través de este laberinto subterráneo de arte y clandestinidad. Fue gracias a ella que pude adentrarme en este universo prohibido y comprender la complejidad y el significado detrás de cada trazo y firma.

Pero el graffiti ilegal no se limitaba a los grupos y a los nombres más destacados. También existían los vándalos de los camiones urbanos, generalmente estudiantes que dejaban garabatos en ellos. Sin embargo, en ocasiones, me encontré con firmas que trascendían el simple vandalismo. Una de ellas era la de una banda local llamada «Los Super Genios de la Banca Oxidada», quienes dejaban pintado un hombre triste en los camiones. Al encontrarme con un miembro de la banda en Instagram, no pude evitar preguntarle por qué realizaban esas acciones de rayar los camiones. Su respuesta fue sorprendentemente simple: «porque se puede». Estas palabras aparentemente insignificantes hicieron que mi forma de observar la urbanidad y los signos de la calle cambiara por completo. Detrás de aquellos trazos aparentemente caóticos, había un sentido de libertad y desafío que desafiaba las convenciones establecidas.

Hoy en día, en mi cuenta de Instagram, más de 30 personas del mundo del graffiti me siguen. Quizás, de alguna manera, me he convertido en uno de ellos, un testigo y un admirador de esta forma de arte clandestina. Mazatlán sigue vibrando con la energía del graffiti, y nombres como «Rayo», «Deniz», «Pauc», «Socket» y «Lardo» siguen dejando su huella en cada esquina. El graffiti ilegal en Mazatlán es una voz en la oscuridad, un eco de rebeldía y creatividad que desafía las normas establecidas y transforma la ciudad en un lienzo vivo.

He intentado plasmar mi viaje por el mundo del graffiti ilegal en Mazatlán. Un viaje que me ha llevado a descubrir las identidades ocultas, los mensajes entrelazados y la pasión indomable de aquellos que eligen desafiar la ley para expresar su arte en las calles. El graffiti ilegal es más que solo pintura en las paredes; es una forma de resistencia, de liberación y de hacer visible lo invisible. A través de la clandestinidad y el riesgo, estos artistas se afirman y se imponen en la historia de una ciudad que, día a día, se convierte en un lienzo en constante evolución.

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