La clonación de especies extintas plantea dilemas éticos y ambientales que aún no tienen respuesta. Imagen conceptual.
Mazatlán, Sinaloa.— Lo que antes parecía argumento de películas como Jurassic Park hoy es una realidad científica: especies extintas están siendo clonadas en laboratorios. La más reciente muestra es la recreación de un lobo ancestral a partir de ADN antiguo, encendiendo el debate sobre los límites éticos y ecológicos de esta práctica.
Utilizando material genético preservado y técnicas avanzadas de ingeniería genética, investigadores han logrado insertar genes extintos en embriones modernos, dando lugar a animales que nunca debieron volver. Aunque el avance parece revolucionario, muchas voces se preguntan: ¿es correcto traer de vuelta a especies que desaparecieron por causas naturales o históricas?
El principal problema no es solo técnico, sino ecológico. Los ecosistemas actuales han cambiado, y no garantizan la supervivencia —ni la funcionalidad— de estos “nuevos viejos” seres vivos. Además, podrían alterar el equilibrio de otras especies que hoy habitan esos territorios.
Expertos también advierten que estos esfuerzos pueden desviar recursos de lo verdaderamente urgente: proteger a las especies que hoy están en peligro de extinción.



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