El Cinematógrafo de Mazatlán, con más de 100 años de historia, sigue proyectando cultura en cada función. Foto: Archivo Mar de fondo.
Mazatlán, Sinaloa.— En pleno corazón del puerto, donde el bullicio turístico se mezcla con el vaivén de la historia, se alza un espacio que ha desafiado al tiempo: el Cinematógrafo de Mazatlán. Fundado en 1912, este recinto no solo ha proyectado películas durante más de un siglo, también ha sido testigo de generaciones enteras que han encontrado en el cine un escape, un arte y una conversación con el mundo.
A diferencia de las grandes cadenas comerciales, este cine mantiene su esencia clásica: proyecciones independientes, festivales culturales y ciclos de cine de autor. Su valor no radica en la taquilla, sino en la experiencia íntima que ofrece: un espacio donde el arte cinematográfico sigue vivo.
Además de su función como sala de cine, el lugar ha sido foro para presentaciones, charlas, encuentros literarios y artísticos. Su arquitectura, con fachada histórica y butacas restauradas, envuelve a quienes lo visitan en una atmósfera nostálgica pero vigente.
En un mundo donde lo digital domina, el Cinematógrafo de Mazatlán recuerda que el cine también puede ser resistencia cultural. Es un espacio para quienes aún creen que ver una película es más que entretenerse: es un acto de conexión con otras realidades.



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